Muchas veces padecemos la crianza de los hijos en lugar de disfrutarla. El trabajo que los padres hacemos es uno de los más interesantes y lleno de recompensas que el mundo puede ofrecer. Nuestros hijos nos recuerdan que la alegría, la diversión, el entusiasmo y la determinación para hacer bien las cosas también son nuestro derecho. Es hora de poner nuestra atención en el disfrute de nuestros hijos y de nuestro trabajo. Es hora de ponernos a construir redes de apoyo en los que nuestras familias puedan ayudarse a avanzar. Es hora de trabajar con otros padres para construir una sociedad que se comprometa a apoyar a los padres y a la gente joven. Es hora de construir una sociedad que no permita que ningún niño crezca en la pobreza, ni que sea el blanco de racismo, y que ningún padre vea su corazón destrozado porque no tiene los recursos suficientes para hacer su trabajo. Y es importante no hacer solos este trabajo.
I.-El desafío de escuchar a los niños y a los adolescentes.
1.- Empezamos por nosotros mismos
Luego de aprender a escuchar y ser escuchado en una relación entre pares podemos acometer con valentía el desafío de escuchar a nuestros niños pequeños y adolescentes. Nuestro desafío no es en primer lugar conseguir que ellos “nos hablen” sino en primer lugar aprender a escucharlos y a comunicarnos nosotros con ellos. Difícilmente un niño o un adolescente mantendrá su deseo de comunicarse con nosotros si nosotros mismos no nos esforzamos en comunicarles las cosas que vivimos y sentimos. Queremos aprender a escucharlos pero también queremos satisfacer nuestro deseo de comunicación con ellos, más allá de si ellos quieren comunicarse con nosotros. Muchas guías las dedicaremos a ejercitar y perfeccionar esta capacidad y así disfrutar y acompañar el crecimiento de nuestros hijos de manera creativa y eficaz. Comencemos diciendo algunas cosas generales.
Cuando los niños se sienten bien con ellos mismos y cercanos a los demás, son cariñosos, prudentes, flexibles, optimistas, creativos y energéticos. Aprenden en todo momento. Cuando no se sienten bien de sí mismos, o se sienten alejados de los demás, usualmente no se resignan a esta situación. Tratan en cambio, de encontrar un escape para sus sentimientos negativos o algún puente para acercarse de nuevo. Para anunciar que no se sienten bien, entran en un comportamiento claramente tenso, agresivo, molesto, o de alguna manera, irracional. Están pidiendo atención, porque saben que necesitan ayuda para regresar al estado flexible y cariñoso que en verdad es el que más disfrutan. Ellos también necesitan encontrar el modo de volver a su centro en el 6º y 7º nivel. Este estado puede ser circunstancial por hechos angustiosos puntuales o llevar cierto tiempo hasta tanto el niño/a se adecue a la nueva realidad. Por ejemplo los celos que provocan la llegada de un hermanito. El hijo mayor necesita tiempo para experimentar que no va ser cambiado por otro, necesita tempo para reconocer nuevos límites (ha sido destronado). Este proceso requiere mucho desahogo del niño y de nuestra parte infinita paciencia, firmeza y sencillez. Los niños esperan que notemos sus avisos y vayamos a rescatarles. Lo que necesitan es que les escuchemos para confirmarlos una y otra vez en el amor que les tenemos.
Los niños son los expertos mundiales para desahogar tensión y llegar a pararse desde el 6º y 7º nivel desde donde se reencuentran con su entusiasmo y su creatividad. Si están tristes, lloran. Si tienen miedo, se aferran fuertemente y tiemblan o sudan, y hacen mucho ruido. Cuando tienen vergüenza o están desafiando sus temores ligeros, ríen. Si están frustrados, hacen un berrinche. Estos son los métodos naturales que usan para limpiar el escombro emocional que les estorba para amar, aprender bien y vivir en plenitud. Al escucharles por completo en sus ratos difíciles, les damos la aprobación y el tiempo que necesitan para deshacerse de los sentimientos que los agobian y encontrar el piso desde donde se sienten seguros para seguir creciendo desde ellos mismos.
A menudo, los niños buscan pretextos para su desahogo emocional. Escogen un asunto insignificante y lo usan como destapador. El pequeño incidente sucede y se desborda una avalancha de sentimientos. A través de algún objeto o hecho estará descargando una bolsa repleta de molestias que trae encima y que probablemente tiene poco que ver con la circunstancia en sí misma. Pero su atención y cercanía, su disponibilidad para escucharlo hasta el final sin interrumpirlo, traerán a la superficie profundos sentimientos que el niño venía cargando solo. Si usted deja que él decida cuándo parar, es probable que llore un largo rato. Cuando termine de llorar será una persona distinta. Se sentirá amado y respetado por usted (aun si en su llanto le atacaba). Estará relajado, cariñoso, y seguro de si mismo. Estará renovado y listo para la vida otra vez.
Normalmente los niños descargan muchas de sus tensiones a través de objetos sustitutos que es utilizado como excusa para el desahogo. Se unen objeto y desahogo. Cuando Inés o yo mismo me enojo con candelaria o Belén es probable que ellas luego le hagan sentir su enojo a alguna de sus muñecas. En el caso de los adolescentes es más complejo. Por negación del desahogo quedarán, como modo de desahogo, los objetos o sustancias en una secuencia interminable de mutaciones que los puede llevar a convertirse en adictos. Ya lo sabemos bien: lo que no se dice a través de las plabras y los gestos se dirán a través del uso abusivo o adictivo de sustancia u objetos y a través de la violencia.
2.- Las dificultades y las recompensas en la escucha de niños y adolescentes.
El escuchar a los niños y adolescentes, especialmente en sus penas y temores, es muy difícil para nosotros. Muy pocos de nosotros tuvimos con nuestros padres la posibilidad de desahogar las tensiones que nos invadían y volver a centrarnos en el 6º y 7º nivel. Tampoco nuestros padres sabían como hacerlo. De modo que con frecuencia carecemos de un modelo a seguir para dar a nuestro niño u adolescente confianza y respeto a través de la escucha completa. En este terreno desconocido, la red de co-escuchas en el EPPA que usted tiene con otros padres puede ser de mucha utilidad. Su propia experiencia en ser escuchado le dará el respaldo que necesita para atreverse a escuchar de una manera nueva. No podemos escuchar bien a un niño o a un adolescente si no logramos expresar cómo nos sentimos nosotros mismos de niños u adolescentes ante determinadas situaciones. Para poder escuchar bien hay que lograr ponerse en el lugar del otro. Es imposible ponerse en su lugar si no me pongo en mi propia experiencia de niño. Y lo mismo debemos decir de la escucha atenta de los adolescentes. Estamos sometidos a una gran ansiedad por saber cómo comunicarnos con ellos. La mayoría de nosotros no ha desahogado lo suficiente acerca de las angustias que vivimos como niños y adolescentes y con frecuencia detrás de nuestra “seguridad” de adultos no se asienta un un registro profundo desde el 6º y 7º nivel sino que naufraga como puede en las aguas turbulentas sobre el “rol” o el “papel” de padres y de adultos que se espera desempeñemos.
La recompensa por escuchar bien a sus hijos es grande. Con esta clase de ayuda ellos podrán vencer grandes dificultades en sus vidas. Serán más ellos mismos. Desarrollarán confianza y sentirán su cariño más a menudo. El escuchar es un medio efectivo de transmitirles a sus hijos su amor y su confianza en ellos. Se acostumbrarán a asentarse y vivir desde las profundidades de su ser. La escucha es una herramienta sencilla que le ayudará a convertirse en un buen padre que a su vez le da a sus hijos todo el poder que tienen.
3.- Las heridas golpean fuerte.
Cuando usted se enoja con ese bebé y lo reta es como si se derrumbara el mundo. Puede verse sorprendido por un segundo y después soltar el llanto. Si usted se enoja con su niño de 3 años y trata de quitarle la escoba, puede ser que se tire en el suelo y haga un capricho. Cuando está alegre y confiado muy pocas personas estarán más despiertas y activas que él. Pero si le hiere, muy pocas personas estarán más tristes. Aún las heridas pequeñas son sentidas profundamente y pueden dejar un efecto duradero en el niño. Probablemente usted recuerda qué dolido se sintió en algunas ocasiones durante su niñez. Cuando usted era un niño, muchos incidentes le golpearon duramente.
3.1.- Los niños se culpan a sí mismos por las heridas que sufren.
Cuando un niño es herido por un trato o una circunstancia, se llenan de una tensión emocional. Una experiencia dolorosa, no importa qué tan insignificante parezca a un adulto, hace que el niño se sienta mal en relación a sí mismo. Los niños interpretan los incidentes que les hieren de una manera completamente personal. Creen que lo que les sucede es señal de que hay algo muy malo con su persona. Por suerte se ha avanzado mucho en el estudio de este aspecto. Si un niño hace algo mal puede llegar a creer que él es malo o si sus padres se separan puede llegar a interpretar que ha sido por su culpa. La ausencia de palabra en este aspecto puede perturbar durante años a un niño creando un verdadero fantasma dentro suyo quitándole libertad, espontaneidad y creatividad.
Entonces, cuando a un niño le hace burla un hermano celoso, el niño no puede ver que está siendo herido porque su hermano está lleno de tensión. Cree que le ponen apodos porque de veras es "tonto," "estúpido" o "chiquilin”: cada vez que un niño es herido, internaliza una fuerte impresión de que tiene algo malo. Es la causa que de que su comportamiento pierda flexibilidad, como cuando una piedrita en el zapato dificulta caminar.
Los adultos también hemos sido heridos sin razón y tendemos a culparnos por las dificultades. Las heridas sin sanar dejan cicatrices que se manifiestan en un comportamiento rígido e irracional. Llegamos a pensar que “así soy yo”, haciéndonos creer que carecemos de la inteligencia para encontrar caminos nuevos a desafíos nuevos.
Cada herida que se deja sin curar le roba al niño algo de su inteligencia flexible, maravillosa y creativa. Por ejemplo, en vez de volver a jugar con su hermano, el niño a quien se hirió quizá se aleje de él o se haga agresivo para defenderse. El niño perderá su habilidad para notar cuando su hermano está relajado y puede jugar bien. Las heridas acumuladas reducen las opciones de comportamiento a una o dos clases de técnicas. Bloquean su habilidad para entender la causa de la situación actual. En vez de aprender, se le empuja a reaccionar de una manera copiada porque las heridas irresueltas no le dejan otro camino.
3-2.- Los niños poseen el método natural para sanar heridas y llegar al 6º y 7º nivel.
Si el niño tiene un padre o madre que se detiene, escucha y se queda cerca cuando las cosas van mal, el niño tratará de expulsar sus malos sentimientos. Llorará si está triste, temblará y sudará si está asustado, hará un berrinche si está frustrado, reirá por sus temores ligeros y por la vergüenza, bostezará para desahogar la tensión física. Al dar oportunidad a que se den estas reacciones de desahogo, la impresión dañina dejada por el incidente (por ejemplo, "Lo que tú piensas a nadie le importa," "Tú causas muchos problemas," "Tu hermano no te quiere cerca") poco a poco se va borrando de la experiencia del niño. Si se le permite llorar, temblar y forcejear todo lo necesario, volverán su confianza y su alegría, sus entusiasmo y espontaneidad, propios del 6º y 7º nivel . Cuando termine de hacerla, verá el incidente como un contratiempo doloroso pero no como un daño permanente.
Así como los niños, cuando los adultos pueden reír, llorar, temblar y sudar, hacer un berrinche, o bostezar al hablar de sus problemas, descansan de las tensiones asociadas con las heridas. Se retomará la habilidad para pensar y actuar con más flexibilidad. Se hacen más razonables, más alegres, y más seguros de que son buenas personas, por dentro y por fuera. Pero esto no es de ninguna manera frecuente. Los adultos vamos perdiendo con el tiempo más y más esta habilidad y también se nos hace más difícil permitirla que actúe libremente en los niños. Esto no hace otra cosa que reforzar los sentimientos perturbadores y agigantar los fantasmas.
3.3.- Usualmente, el proceso de recuperación se ve interrumpido.
En circunstancias normales, los adultos rara vez encuentran la seguridad para usar este proceso de recuperación. Casi todos tuvimos padres que creían que su responsabilidad era evitarnos el sentir emociones tan profundas, o que veían este proceso como un mal comportamiento. Tuvimos que aprender a detener nuestro llanto, nuestros berrinches y nuestras muestras de temor. Al no tener oportunidad de expulsar los malestares, se nos fue haciendo más difícil recuperar el pleno ejercicio de nuestra inteligencia.
Aunque a menudo no se ve a los adultos usándolo, este proceso de recuperación es natural. Al nacer, ya sabemos cómo usarlo. Todo niño asume que sus padres le escucharán con cuidado mientras llora por sus tristezas al final de un día difícil. Co-escucharnos es un medio a través del cual los adultos pueden volver a aprender a usar este proceso natural y ponerlo a funcionar para aliviar las tensiones que interfieren con amar, jugar, aprender, y gozar plenamente de la vida.
Cuatro razones fundamentales hacen que interrumpamos este proceso de recuperación :
1.- Las heridas en nuestra propia niñez.
En nuestra propia niñez también se nos interrumpió el proceso de recuperación natural del que estamos dotados. Por ello la mejor manera de contrarrestar esto es que logremos hablar de nuestra propia niñez. Nuestros hijos nos recuerdan los asuntos de nuestra niñez que nunca resolvimos. Preguntémonos cómo eran las cosas cuando teníamos la edad que ahora tiene nuestro hijo con el que tenemos problemas. Si él hubiese hecho lo que su hijo hace, ¿qué hubiera sucedido? O puede preguntarle. si está tratando de protegerle de alguna dificultad que él tuvo en su niñez.
2.- La presión social y algunos patrones culturales.
Cada cultura tiene sus propios mandatos y exigencias y por mucho tiempo hemos estado sometidos a la necesidad de vivir muchas veces desde las apariencias, dar la imagen de siempre “estar bien”, no manifestar sentimientos por considerarlo poco viril o inferior, etc.
3.- Sentimientos ocasionales de rechazo o desilusión.
Muchos padres pueden experimentar sentmientos muy profundos de dolor y desilusión por el modo en que sus hijos actúan. Muchas veces no cubren nuestras expectativas. Para ello lo mejor es que hablemos sobre la concepción de nuestro hijo, su nacimiento, sus primeros meses, y los sentimientos que nos embargaron entonces. Allí es cuando se forman nuestras esperanzas y compromisos con nuestros hijos.. ¿Qué es lo que no le permite acercarse a su hijo con cariño cuando este se está "portando así"? ¿Qué le evita llegar a él? ¿Por qué no puede sentirse orgulloso de su hijo? ¿A qué tiene miedo? Estas preguntas, que sugieren la posibilidad de mostrar amor a pesar de los problemas, le ayudan al padre a deshacerse de los sentimientos dolorosos que no le dejan pensar bien cuando su hijo está pidiendo ayuda.
4.- Sentimientos perturbadores en el momento que nos toca vivir.
Muchas veces estamos angustiados por el trabajo, por las dificultades en la comunicación con nuestra propia pareja o porque tenemos un familiar cercano enfermo. Estas y otras miles de situaciones diferentes nos cargan de angustia y ponen en jaque nuestra paciencia y nuestra capacidad para anteponer las necesidades de desahogo de los otros antes que las nuestras. Las angustias que muchas veces se multiplican nos quitan los reflejos para encontrar nuestro propio espacio de escucha, nos tientan con el aislamiento y van mimando nuestra capacidad de atención de nuestros niños, mucho más si alguno de ellos se le ocurre gritar, llorar o hacer berrinches
5.- El escuchar inicia el proceso de recuperación.
La co-escucha crea un marco en el cual, la mayoría de las veces, el proceso de recuperación se inicia por sí mismo. El escuchar sencilla y respetuosamente, con el tiempo hace que una persona confíe en su escucha. Poco a poco, esa confianza permite ir aflojando la rigidez que la persona tiene sobre sus lágrimas, su temblor y su risa. Para que se inicie el proceso, simplemente mantenga su atención en su compañero de una manera respetuosa y amigable encuentro tras encuentro. La actitud de respeto, cariño, afecto, esperanza, complacencia y confianza serán una poderosa contradicción a las impresiones dejadas por las heridas. Mientras usted está escuchando le recuerda a quien escucha que es una persona buena y valerosa. De ese modo, no podrá aceptar ciegamente que es una persona insegura, temerosa. Podrá sudar y reír mientras hace planes para hablar en la próxima reunión de padres en la escuela de su niño. Al recordarle usted a un padre lo bueno que es, quizá primero reirá incrédulo, pero pronto llorará porque confía en usted y usted está cuestionando su rígida convicción de que él tiene la culpa por los problemas de su niño.
Para reforzar : la actitud que un escucha atento adopta es una fuerza poderosa. Esta actitud, sostenida consistentemente a través de los encuentros de co-escucha, le ofrece a quien es escuchado el apoyo que le faltó cuando fue herido. Ahora cuando habla de sus dificultades, la atención de usted cubre una necesidad hasta hoy insatisfecha. El proceso de recuperación, interrumpido hace años por falta de un escucha comprensivo, puede finalmente continuar.
Este proceso para liberar tensión lleva tiempo, pero es muy efectivo. Cuando se libera suficiente tensión emocional, una persona puede transformar su visión y actitud hacia la vida grandemente; de adentro hacia fuera. Puede deshacerse de la irracionalidad que le viene estorbando posiblemente desde hace años y recuperar las capacidades propias del ser humano que habitan en su nivel 6º como son la creatividad, el entusiasmo y la capacidad de disfrutar de los propios vínculos..
PREGUNTAS PARA LA AUTOESCUCHA Y CO-ESCUCHA
1.- Para la próxima reunión del EPPA planee una escucha con sus hijos y pareja en las cuales ud. les comparte sobre cualquier tema que elija, hasta el nivel que pueda (recuerde que NO tiene que utilizar un material que involucre a quien lo escuche ni que la co-escucha es la ocasión para decirle al otro todo lo que usted tiene para reclamarle o reprocharle).
2.- Luego de sus prácticas mencione: a) qué sintió ud. antes, durante y después de la escucha b) mencione lo que ud cree que sintió su escucha antes, durante y después c) ¿hasta qué nivel fue capaz de comunicar?
3.- ¿Tiene dificultades para nombrar sus sentimientos? ¿puede expresarlos sintiéndolos?
4.- ¿Usted a veces en lugar de expresar con palabras o gestos “dice” lo que le pasa a través de alguna sustancia (bebida o comida o……) objeto (T.V, computadora o…….) o conducta (más trabajo o más alislamiento o…….)?
5.- ¿Qué estrategias se le ocurren para evitar caer en esos modos de no-palabra?
6.- ¿En qué condiciones cree que se encuentra su método natural para sanar heridas y llegar al 6º y 7º nivel?
7.- ¿Cuáles cree que son las razones principales en usted por las cuales se interrumpe muchas veces su proceso de recuperación?
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